Estimado Doctor,
Ante todo, disculpe, por favor, la osadía de enviarle esta carta, soy una anciana hemipléjica y enferma, esperando, de un día a otro, la muerte y no puedo por menos de comunicarle una experiencia mía, con el deseo de que haga la prueba que le propongo y de que le resulte positiva.
Hace muchos años, exactamente en 1945, tuve que sacar el título de practicante en medicina para poner inyecciones a mi única hija enferma, porque no podía pagar a uno que lo hiciera. Para poder presentarme a examen en la Facultad de Medicina de Madrid, tuve que obtener un certificado de Prácticas de Obstetricia, en la antigua Maternidad Provincial de Madrid.
Yo tenía del Parto una idea muy diferente, porque, cuando iba a nacer mi hermano, mi madre me había explicado el embarazo y el parto, de la manera más verídica y sensata que tal cosa se puede explicar. En la niñez, mi hermana y yo nos divertíamos, viendo parir a la gata, más tarde, ya a punto de cumplir dieciseis años, vi parir a la madrastra, mientras mi padre iba en busca de la comadrona y tanto la gata como la madrastra, parieron sin dar muestras de dolor.
No tuve ocasión de presenciar más partos. Solamente tuve una hija y su nacimiento fue por intervención cesárea a causa de estenosis pélvica, con lo que me quedé sin saber lo que era, realmente un parto y, a consecuencia de mi ignorancia, lo que ví y aprendí en la Maternidad me sumió en una gran confusión y decidí hacerme comadrona para poder estudiar concienzudamente el parto, tratando de descubrir por qué dolía la última fase (únicamente aquella), cuando las demás fases del largo y complicado proceso de la reproducción vivípara son siempre indoloras y también lo son las demás funciones fisiológicas, si se ejecutan por un organismo sano y normal.
Desde 1945 llevo estudiando esta cuestión. Gané, por oposición, una plaza como matrona de la Beneficencia Municipal de Madrid, sin más meta que la de poder estudiar el parto, en toda su profundidad. Viajé, cuanto pude a Congresos y Cursos, con la misma intención y trabajé, como comadrona, no sólo en España, aprendiendo siempre algo de cada parto que asistía o presenciaba, comprobando en la práctica lo que leía en los libros.
En 1955, tuve ocasión de asistir a un curso, en París, sobre la Psicoprofilaxis del Dolor en el Parto, que daban los doctores Lamaze,Velay y Bourrel.
En ese curso se afirmaba que las contracciones uterinas dolían debido a la existencia de un reflejo condicionado negativo que, además del dolor, provoca miedo y resistencia a la función, por parte de la mujer.
Me pareció esta explicación del dolor en el parto mucho más admisible que la bíblica y quise comprobar si era verdad. Yo ya había observado, antes del curso que el talante y la educación de la embarazada tenían una gran influencia en el desarrollo del parto y, desde 1955 empecé a practicar una preparación que consiste en enseñar a las embarazadas en qué consiste el embarazo y el parto, comparándolo con otras funciones fisiológicas, para intentar que la mujer lo admita como lo que, verdaderamente es, así como instruirlas sobre la parte activa y voluntaria que, tanto en el embarazo como en el parto, deben asumir.
Esta preparación fue rechazada, argumentando que el descubridor de la formación, en el córtex cerebral de reflejos condicionados fue un fisiologo ruso a quién le fue concedido, por ello, el premio Nobel en 1904 y que los españoles no querían de los rusos, ni el parto sin dolor.
Yo no sé cuales fueron los verdaderos motivos del rechazo, pero si que me costó tener que salir de España porque me expulsaron de todos los puestos de trabajo en los que había sido asumida “a dedo” que eran todos menos el del Ayuntamiento, cuyo sueldo no bastaba para cubrir mis necesidades.
En cuanto pude, regresé a España e intenté volver a trabajar como matrona, sin poderlo conseguir, más que en la plaza que tenía por oposición, pero en los años de exilio había aprendido idiomas y ello me sirvió para ganarme la vida como secretaria y seguir preparando embarazadas y asistiendo partos, como distracción, sin cobrar nada.
En 1976, en la nueva Maternidad Provincial de Madrid, dotada de todos los adelantos modernos, se celebró un “Cursillo de actualización obstétrica para matronas”, en el cual, llena de ilusión, me apresuré a inscribirme y en el que intenté, en vano, hacer razonar a profesores y alumnas de que lo que se intentaba era un disparate, en todos los sentidos.
Tan antiguas como el parto, son la respiración, la digestión y la circulación de la sangre y a nadie, en su sano juicio, se le ocurre “dirigirlas”, cuando funcionan normalmente.. De lo que la ciencia médica se ocupa es de reconducirlas a la normalidad, si ésta está alterada.
Durante aquel cursillo me pellizcaba los muslos para cerciorarme de que no era una pesadilla, de que estaba despierta, el doctor Caballero Gordo, a quien había conocido, muchos años atrás en la Maternidad de Mesón de Paredes, estaba presentando el “Parto Dirigido, en sustitución del parto normal” .
Después de aquel curso y hasta la fecha, el “Parto dirigido” se ha impuesto en los hospitales, yo he seguido y sigo, preparando psicológicamente a embarazadas, de las que una exigua minoría, se deciden a dar a luz en sus casas, considerando el parto como una función normal, pero la mayoría tienen miedo, acaban por ir al hospital donde, donde el trabajo que hice, preparándolas, se desploma, como un castillo de naipes. Quisiera que, algún obstetra se atreviera a probar un sistema de asistir partos que me ha dado muy buenos resultados durante muchos años y de los que puedo presentarle testimonios recientes. Consiste en concienciar a la mujer de que el parto es una función fisiológica exenta de peligro, dejar que el parto empiece por sí solo y que se desarrolle a su ritmo, respetando sus fases de descanso, entre períodos, sin impaciencia porque termine.
El único artíficio que yo empleaba en el parto era el estetóscopo de Pinard y éste me bastaba para seguir, con toda eficacia, el desarrollo del parto, sin necesidad de tactos vaginales, muy dolorosos para la mujer y no completamente exentos de peligro.
Aprendí la evolución del parto, en buenos y detallados Tratados de Obstetricia, comprobé que lo que decían era verdad, que en el organismo existe un ritmo, un programa, un proyecto a desarrollar, por una fuerza calculada al milímetro y al segundo y que no hay más que dejarla actuar, que con cualquier intervención, lo único que se consigue es perturbar el ritmo natural de la función. Aprendí que la colocación del feto, imprescindible para su salida, y la dilatación del cérvix, si no se interfiere, suelen ser simultáneas y el estetóscopo me servía no sólo para controlas el ritmo cardiaco del feto, sino también su cambio de posición con respecto al abdomen materno, debido a los movimientos de rotación del feto y al descenso de la presentación a los diversos planos de la pelvis.
Nunca presté atención a las dimensiones de la dilatación cervical, no tienen la importancia que se les suele dar. El verdadero problema en el parto consiste en la adaptación del feto al canal pélvico de la madre, que se suele hacer despacio y felizmente, a menos que la actitud de la parturiente, su miedo, su impaciencia, su falta de confianza en sí misma y en quién la asiste, no desencadene una anormal resistencia que impida el desarrollo de la función.
Nunca tuve necesidad de plantearme si la dilatación estaba completa o no, porque cuando ello ocurre, los signos que lo avisan son tan claros, tan convincentes. entre ellos, la formación del canal blando del parto, que no hay el menor peligro de que la cabeza fetal se desprenda de repente. El parto se efectúa siempre, despacio, lenta y suavemente, tengo la suficiente experiencia como para asegurar que es así.
Quisiera que los obstetras del Siglo XXI, probaran a ver si la mujer, sana e informada es capaz de parir con la misma tranquilidad y eficacia que ejecuta las demás funciones fisiológicas. Por probar nada se pierde, no se trata más que de tener paciencia y confianza en que la Naturaleza es capaz de cumplir su cometido sin necesidad de ser reemplazada y la mujer del Siglo XXI, a la que tanto se la consiente en otros terrenos, merece que se la deje parir, que se la consienta cumplir una función normal porque la creo, verdaderamente capaz de ello. No se trata de volver a tiempos pasados, ya lejanos, ahora la mujer sabe hacer muchas cosas para las que no se la creía capacitada, en el tiempo actual, la mujer debe saber parir, como sabe hacer la digestión sin ayudas.
No quisiera haberle ofendido con esta carta, he dedicado mi vida a estudiar el parto, creo que sé muy bien en qué consiste y este conocimiento mío no quiero llevármelo a la tumba, mientras las mujeres y los fetos sufren una enfermedad artificial, una forma de parir peor de la que la Naturaleza les había preparado.
Consuelo Ruiz Vélez-Frías nació en Madrid en 1914 y falleció a los 91 años, una matrona rebelde y luchadora, que defendió con uñas y dientes la libertad, la dignidad y la democracia de las mujeres hasta el final de sus días.
Consuelo fue la primera en hablar de “parto sin dolor” en España, y en editar un libro sobre el tema, en 1955. Su gran proyecto profesional ha sido el de humanizar y embellecer el parto. Después de su propia cesárea (de la que nació su hija Amaya), descubrió que el acto de dar a luz carecía de la dignidad que merecía. Durante más de 60 años, estuvo debatiendo sobre el tema, y dejó un gran legado de escritos de sus experiencias relacionadas con el parto y el nacimiento. Divulgó y aplicó sus teorías tanto en Escuelas de Matronas, como en el campo de la Enfermería y la Medicina, además de ofrecer su inestimable ayuda a los padres deseosos de ser conscientes de la importancia de la vida natal (uterina), el parto-nacimiento y la crianza de un ser humano. En su libro Las Matronas, una profesión ancestral basada en el amor, Consuelo comenta ampliamente la profesión de matrona, en la que ha puesto todo su esfuerzo y amor a lo largo de una vida intensa, llena de emociones y, sobre todo, muy valiente.
A los 84 años publicó su “Cartilla para aprender a dar a Luz”, a los 90, aún asistía partos en domicilio, en dignidad, en respeto, en libertad, sin miedo, sin presión, sin peligros, sin dolor!
Seguía de cerca todo lo que acontecía en las asociaciones, como la “Plataforma pro Derechos del nacimiento” y la Asociación “Nacer en Casa” , de las cuales era Presidenta de Honor, en la Asociación “El Parto es Nuestro”, en el “Colegio de Matronas”…fue conferenciante, destacándose en su decir y hacer. Mujer y matrona sabia y de decisiones simples y beneficiosa.
Consuelo Ruiz Vélez-Frías
¿De dónde venía yo cuando me encontraste?,
preguntó el niño a su madre. Ella, entre risas y lágrimas, apretó al niño contra
su pecho y le respondió: Estabas oculto en mi corazón como un deseo, vida mía.
Estabas entre las muñecas con las que jugaba cuando era niña. has vivido en mi
vida y en la de mi madre. Durante muchos años, has sido acunado en el regazo el
Espíritu eterno que rige nuestra casa. Cuando en mi adolescencia abría mi
corazón sus pétalos, en él flotabas tú como un hálito perfumado. Tu tierna
suavidad floreció en mi cuerpo como el resplandor rojo del cielo que anuncia el
amanecer. Primer amor del cielo, que tienes de hermana gemela a la luz del alba,
has bajado al río de la vida del mundo te has quedado al fin sobre mi corazón.
¡Tú, que eras antes de todos, eres ahora sólo mío! ¿Qué mágico poder ha puesto
en mis débiles brazos el tesoro del mundo?
Rabindranath Tagore
sábado, 14 de agosto de 2010
miércoles, 11 de agosto de 2010
¿Deberían las matronas estar formadas como floristas?.....
Por Caroline Flint
Esta propuesta, según Caroline Flint, es solo ligeramente más absurda que pedirle a las matronas que se formen como enfermeras antes de poder formarse como matronas. Argumenta que la formación en enfermería no solo es innecesaria, sino que podría ser decididamente dañina.
Imagina que quieres ser abogado. Vas al Colegio de Abogados y dices : Querría ser abogado, y la respuesta es: no puedes ser abogado hasta que no te hayas formado como policía.
¿Policía? Pero si yo no quiero ser policía. Quiero ser abogado”
Es muy útil ser antes policía; se aprende todo sobre la mente criminal, un montón de cuestiones legales básicas, se aprende el procedimiento ante los tribunales, se aprende como la ley afecta a la gente corriente. Necesitas ser antes policía para convertirte en abogado; aprendes tantas cosas útiles y básicas para tu futuro papel.
O tal vez te apetece hacerte dentista
Lo siento pero antes de formarte como dentista tienes que recibir formación médica. Primero tienes que ser doctor, ya que mucho de lo que un doctor aprende en su carrera es tremendamente útil para un dentista.
¿O tal vez quiere ser matrona?
Bueno, antes de formarte como matrona tienes que formarte como enfermera. Te resultará tremendamente útil. Como enfermera aprenderás a cuidar y prevenir úlceras, podrás asistir en un quirófano, serás capaz de comprender las señales y los problemas de la diabetes. Aprenderás sobre fallos cardiacos, como hacer una cama, el cuidado de enfermos de trombosis, hemorragias, contusiones, como poner una inyección, diálisis de riñón, dar medicinas –todo un conocimiento útil del que ninguna persona en su juicio podría prescindir para convertirse en matrona.
¿Es tan absurdo e inútil como formar a un abogado como policía? ¿O a un dentista para que antes sea doctor? ¿Sería mejor que las matronas fueran formadas como podólogo? Eso les ayudaría a comunicarse con pacientes, después de todo. O tal vez debieran formarse como floristas. Así tendríamos arreglos florales mucho más bonitos en los pabellones postnatales.
Pero seguramente, diréis, es realmente útil para una matrona tener una formación básica en enfermería antes de embarcarse en su carrera de matrona. Tampoco es que vaya a tener que desaprender cualquiera de las cosas que ha aprendido como enfermera, ¿verdad?
Sin embargo, yo respondería, ¿qué pasa con su actitud hacia los pacientes? Las comadronas no tiene pacientes, acompañan a mujeres durante un experiencia que supone un enorme cambio vital. Son asociadas y compañeras. Trabajan en equipo, pero toman decisiones en iguales términos. La mujer no está enferma, atraviesa un proceso psicológico normal, como hacer de vientre, o respirar o hacer el amor.
¿Quizá una matrona necesita una actitud distinta hacia su mujer de la que una enfermera tiene con sus pacientes? Cuando uno está curando pacientes, están enfermos. Las mujeres que atraviesan un parto no son enfermas.
¿Y acerca de la actitud de las matronas hacia los doctores? ¿tiene que diferenciarse en algo de la de una enfermera? ¿La matrona y el doctor están ahí para la misma cosa? Trabajando como un equipo de profesionales. Bueno, sí y no.
No es por nada que la matrona se llama a si misma “guardiana del parto normal” A medida que el parto se hace más tecnológico y se utilizan más y más tests y herramientas de diagnóstico, un número creciente de mujeres tiene cesáreas o partos forzados. Corresponde a la matrona la capacidad y el conocimiento para proteger mujeres de la sobremedicación. Puede protegerlas del uso sobre-entusiasta de herramientas que pueden ayudar enormemente a una mujer, pero que pueden resultar inapropiadas para otra, y que pueden incluso interferir en el progreso fisiológico de un parto normal.
¿Qué sucede con la actitud de la enfermera hacia la enfermedad? ¿No puede resultar dañino para mujeres sanas tener que tratar con gente acostumbrada a gente enferma, que necesitan atención más que simple apoyo emocional? ¿Es esta, quizá, la razón por la que la mayoría de las mujeres que dan a luz en este país están tumbadas en una cama, la posición más inapropiada -desde un punto de vista psicológico- en la que podrían estar? ¿Por qué tumbadas en una cama? Esta es un posición que genera hipotensión, hipoxia fetal, contracciones uterinas menos eficaces y una necesidad mayor de analgesias ya que no se emplea el efecto de la gravedad en el descenso de la cabeza del feto.
¿Puede que sea porque la mayoría de las matronas están formadas como enfermeras?
En este país y en Europa siempre ha sido posible formarse como matrona desde el principio sin necesidad de recibir formación de enfermera. La formación es mas larga que la cualificación RNG – en este país es un periodo de 3 años. Pero desafortunadamente solo hay una escuela de matronas impartiendo esa formación, y hay algo así como seis candidatos por plaza.
Necesitamos repensar nuestra formación para matrona. Me alegra decir que lo estamos haciendo, tanto el Royal College of Midwives, la Association of Radical Midwives and the midwifery committees del Reino Unido y los consejos nacionales. ¿Estás pensando en eso también? ¿No es el momento de que las escuelas de formación de matronas tomen la iniciativa y comiencen a formar gente que quieran ser matronas sin necesidad de formarse primero como enfermeras? O tal vez me equivoco. ¿Y que tal ser podólogas primero? Sería útil como complemento ¿no?
Should Midwives Train as Florists?
By Caroline Flint
This suggestion, says Caroline Flint, is only slightly more absurd than asking midwives to train as nurses before they can train to be midwives. She argues that nurse training is not only unnecessary, it can be positively harmful
Just imagine that you want to be a solicitor. You go along to your local solicitors' practice and say, `I would like to become a solicitor', and the answer is, `You can't become a solicitor until you have first trained as a policeman.'
`A policeman? But I don't want to be a policeman. I want to be a solicitor.'
`It's very useful for you to be a policeman first - you learn about the criminal mind, you learn a lot of basics of the law, you learn about court procedure, you learn how law affects ordinary people. You need to have been a policeman first before you become a solicitor; you learn so many useful and basic things for your future role.'
Or perhaps you feel like becoming a dentist?
`I'm sorry but before you train to be a dentist you have to do a medical training first. You must first train to be a doctor - so much of what a doctor learns in his training is enormously useful to a dentist.
Or perhaps you want to be midwife?
`Well, before you train to be a midwife you have to train to be a nurse. It will be enormously useful to you. As a nurse you will learn to take care of bedsores and to prevent them, you will be able to scrub in theatre for amputations, you will be able to look after diabetics and you will understand the signs and problems of diabetes. You will learn about congestive cardiac failure, how to make a bed, the care of people with coronary
thrombosis, subarachnoid haemorrhage, concussion, how to give an injection, kidney dialysis, giving medicines - all thoroughly useful knowledge which no sane person could do without before becoming a midwife?'
Or is it?
Is it as nonsensical and wasteful as training a solicitor to be a policeman first? Or a dentist to be a doctor first? Would it be better if midwives trained to be chiropodists first? That would help them to learn how to communicate with patients, after all. Or perhaps we ought to train first as florists? We would have much prettier flower arrangements in the postnatal wards then.
But surely, you will say, it is really useful for a midwife to have a basic nurse training before she embarks on her midwifery training? It isn't as if she has to unlearn any of the things she has learned as a nurse, is it?
But, I would reply, what about her attitude to patients? Midwives don't have patients - they are with women as they go through a huge and life-changing experience. They are partners and colleagues. They work as a team, but a team of equal decision makers. The woman is not ill, she is going through a normal physiological process, like having your bowels open, or breathing, or making love.
Perhaps a midwife needs a different attitude to the women she is with from the nurse with her patients? When you are nursing patients, they are ill. Women going through childbirth are not ill.
What about the midwife's attitude to doctors? Does that need to be in any way different to the attitude of the nurse? Surely the doctor and midwife are there for the same thing? Working as a team of professionals. Well, yes and no. Not for nothing does the midwife call herself the `guardian of normal childbirth'. And as childbirth becomes increasingly technological, and more and more new tests and sophisticated diagnostic tools are used, a growing number of women have Caesarean sections or have their labour accelerated. It is the midwife who has the skill and knowledge to protect women from over medicalization. She can protect them from the over-enthusiastic use of tools which might help one woman enormously, but which might be inappropriate for another woman, and may indeed interfere with the normal physiological progress of labour.
What about the attitude of the nurse to illness? Might it not be very harmful to healthy women to be dealt with by people who had become conditioned to people being ill, who need `care' rather than just emotional support? Is this, perhaps, why the majority of women in this country who are in labour are actually lying neatly in a bed - the most physiologically undesirable position for them to be in? Why are they lying in bed? This is a position which engenders maternal hypotension, fetal hypoxia, less effective uterine contraction and the need for more analgesiaas well as failing to utilize the effect of gravity on the descending fetal head.
Is it perhaps because most midwives trained as nurses first?
In this country and in Europe it has always been possible to train as a midwife from the start of training and not to train as a nurse first. The training is longer than post RGN qualification - it is a period of three years in this country at the moment. But unfortunately there is only one midwifery school doing the direct entry training now, and there are about six applicants for every place.
We need to rethink our training of midwives. I'm glad to say that we are - both the Royal College of Midwives, the Association of Radical Midwives and the midwifery committees of the UKCC and the national boards. Are you thinking about it too? Isn't it time other midwifery training schools took the initiative and began training people who want to be midwives without training them to be nurses first? Or perhaps I'm wrong. What about being chiropodists first? It would be a useful sideline wouldn't it?
February 12,1986.
Esta propuesta, según Caroline Flint, es solo ligeramente más absurda que pedirle a las matronas que se formen como enfermeras antes de poder formarse como matronas. Argumenta que la formación en enfermería no solo es innecesaria, sino que podría ser decididamente dañina.
Imagina que quieres ser abogado. Vas al Colegio de Abogados y dices : Querría ser abogado, y la respuesta es: no puedes ser abogado hasta que no te hayas formado como policía.
¿Policía? Pero si yo no quiero ser policía. Quiero ser abogado”
Es muy útil ser antes policía; se aprende todo sobre la mente criminal, un montón de cuestiones legales básicas, se aprende el procedimiento ante los tribunales, se aprende como la ley afecta a la gente corriente. Necesitas ser antes policía para convertirte en abogado; aprendes tantas cosas útiles y básicas para tu futuro papel.
O tal vez te apetece hacerte dentista
Lo siento pero antes de formarte como dentista tienes que recibir formación médica. Primero tienes que ser doctor, ya que mucho de lo que un doctor aprende en su carrera es tremendamente útil para un dentista.
¿O tal vez quiere ser matrona?
Bueno, antes de formarte como matrona tienes que formarte como enfermera. Te resultará tremendamente útil. Como enfermera aprenderás a cuidar y prevenir úlceras, podrás asistir en un quirófano, serás capaz de comprender las señales y los problemas de la diabetes. Aprenderás sobre fallos cardiacos, como hacer una cama, el cuidado de enfermos de trombosis, hemorragias, contusiones, como poner una inyección, diálisis de riñón, dar medicinas –todo un conocimiento útil del que ninguna persona en su juicio podría prescindir para convertirse en matrona.
¿Es tan absurdo e inútil como formar a un abogado como policía? ¿O a un dentista para que antes sea doctor? ¿Sería mejor que las matronas fueran formadas como podólogo? Eso les ayudaría a comunicarse con pacientes, después de todo. O tal vez debieran formarse como floristas. Así tendríamos arreglos florales mucho más bonitos en los pabellones postnatales.
Pero seguramente, diréis, es realmente útil para una matrona tener una formación básica en enfermería antes de embarcarse en su carrera de matrona. Tampoco es que vaya a tener que desaprender cualquiera de las cosas que ha aprendido como enfermera, ¿verdad?
Sin embargo, yo respondería, ¿qué pasa con su actitud hacia los pacientes? Las comadronas no tiene pacientes, acompañan a mujeres durante un experiencia que supone un enorme cambio vital. Son asociadas y compañeras. Trabajan en equipo, pero toman decisiones en iguales términos. La mujer no está enferma, atraviesa un proceso psicológico normal, como hacer de vientre, o respirar o hacer el amor.
¿Quizá una matrona necesita una actitud distinta hacia su mujer de la que una enfermera tiene con sus pacientes? Cuando uno está curando pacientes, están enfermos. Las mujeres que atraviesan un parto no son enfermas.
¿Y acerca de la actitud de las matronas hacia los doctores? ¿tiene que diferenciarse en algo de la de una enfermera? ¿La matrona y el doctor están ahí para la misma cosa? Trabajando como un equipo de profesionales. Bueno, sí y no.
No es por nada que la matrona se llama a si misma “guardiana del parto normal” A medida que el parto se hace más tecnológico y se utilizan más y más tests y herramientas de diagnóstico, un número creciente de mujeres tiene cesáreas o partos forzados. Corresponde a la matrona la capacidad y el conocimiento para proteger mujeres de la sobremedicación. Puede protegerlas del uso sobre-entusiasta de herramientas que pueden ayudar enormemente a una mujer, pero que pueden resultar inapropiadas para otra, y que pueden incluso interferir en el progreso fisiológico de un parto normal.
¿Qué sucede con la actitud de la enfermera hacia la enfermedad? ¿No puede resultar dañino para mujeres sanas tener que tratar con gente acostumbrada a gente enferma, que necesitan atención más que simple apoyo emocional? ¿Es esta, quizá, la razón por la que la mayoría de las mujeres que dan a luz en este país están tumbadas en una cama, la posición más inapropiada -desde un punto de vista psicológico- en la que podrían estar? ¿Por qué tumbadas en una cama? Esta es un posición que genera hipotensión, hipoxia fetal, contracciones uterinas menos eficaces y una necesidad mayor de analgesias ya que no se emplea el efecto de la gravedad en el descenso de la cabeza del feto.
¿Puede que sea porque la mayoría de las matronas están formadas como enfermeras?
En este país y en Europa siempre ha sido posible formarse como matrona desde el principio sin necesidad de recibir formación de enfermera. La formación es mas larga que la cualificación RNG – en este país es un periodo de 3 años. Pero desafortunadamente solo hay una escuela de matronas impartiendo esa formación, y hay algo así como seis candidatos por plaza.
Necesitamos repensar nuestra formación para matrona. Me alegra decir que lo estamos haciendo, tanto el Royal College of Midwives, la Association of Radical Midwives and the midwifery committees del Reino Unido y los consejos nacionales. ¿Estás pensando en eso también? ¿No es el momento de que las escuelas de formación de matronas tomen la iniciativa y comiencen a formar gente que quieran ser matronas sin necesidad de formarse primero como enfermeras? O tal vez me equivoco. ¿Y que tal ser podólogas primero? Sería útil como complemento ¿no?
Should Midwives Train as Florists?
By Caroline Flint
This suggestion, says Caroline Flint, is only slightly more absurd than asking midwives to train as nurses before they can train to be midwives. She argues that nurse training is not only unnecessary, it can be positively harmful
Just imagine that you want to be a solicitor. You go along to your local solicitors' practice and say, `I would like to become a solicitor', and the answer is, `You can't become a solicitor until you have first trained as a policeman.'
`A policeman? But I don't want to be a policeman. I want to be a solicitor.'
`It's very useful for you to be a policeman first - you learn about the criminal mind, you learn a lot of basics of the law, you learn about court procedure, you learn how law affects ordinary people. You need to have been a policeman first before you become a solicitor; you learn so many useful and basic things for your future role.'
Or perhaps you feel like becoming a dentist?
`I'm sorry but before you train to be a dentist you have to do a medical training first. You must first train to be a doctor - so much of what a doctor learns in his training is enormously useful to a dentist.
Or perhaps you want to be midwife?
`Well, before you train to be a midwife you have to train to be a nurse. It will be enormously useful to you. As a nurse you will learn to take care of bedsores and to prevent them, you will be able to scrub in theatre for amputations, you will be able to look after diabetics and you will understand the signs and problems of diabetes. You will learn about congestive cardiac failure, how to make a bed, the care of people with coronary
thrombosis, subarachnoid haemorrhage, concussion, how to give an injection, kidney dialysis, giving medicines - all thoroughly useful knowledge which no sane person could do without before becoming a midwife?'
Or is it?
Is it as nonsensical and wasteful as training a solicitor to be a policeman first? Or a dentist to be a doctor first? Would it be better if midwives trained to be chiropodists first? That would help them to learn how to communicate with patients, after all. Or perhaps we ought to train first as florists? We would have much prettier flower arrangements in the postnatal wards then.
But surely, you will say, it is really useful for a midwife to have a basic nurse training before she embarks on her midwifery training? It isn't as if she has to unlearn any of the things she has learned as a nurse, is it?
But, I would reply, what about her attitude to patients? Midwives don't have patients - they are with women as they go through a huge and life-changing experience. They are partners and colleagues. They work as a team, but a team of equal decision makers. The woman is not ill, she is going through a normal physiological process, like having your bowels open, or breathing, or making love.
Perhaps a midwife needs a different attitude to the women she is with from the nurse with her patients? When you are nursing patients, they are ill. Women going through childbirth are not ill.
What about the midwife's attitude to doctors? Does that need to be in any way different to the attitude of the nurse? Surely the doctor and midwife are there for the same thing? Working as a team of professionals. Well, yes and no. Not for nothing does the midwife call herself the `guardian of normal childbirth'. And as childbirth becomes increasingly technological, and more and more new tests and sophisticated diagnostic tools are used, a growing number of women have Caesarean sections or have their labour accelerated. It is the midwife who has the skill and knowledge to protect women from over medicalization. She can protect them from the over-enthusiastic use of tools which might help one woman enormously, but which might be inappropriate for another woman, and may indeed interfere with the normal physiological progress of labour.
What about the attitude of the nurse to illness? Might it not be very harmful to healthy women to be dealt with by people who had become conditioned to people being ill, who need `care' rather than just emotional support? Is this, perhaps, why the majority of women in this country who are in labour are actually lying neatly in a bed - the most physiologically undesirable position for them to be in? Why are they lying in bed? This is a position which engenders maternal hypotension, fetal hypoxia, less effective uterine contraction and the need for more analgesiaas well as failing to utilize the effect of gravity on the descending fetal head.
Is it perhaps because most midwives trained as nurses first?
In this country and in Europe it has always been possible to train as a midwife from the start of training and not to train as a nurse first. The training is longer than post RGN qualification - it is a period of three years in this country at the moment. But unfortunately there is only one midwifery school doing the direct entry training now, and there are about six applicants for every place.
We need to rethink our training of midwives. I'm glad to say that we are - both the Royal College of Midwives, the Association of Radical Midwives and the midwifery committees of the UKCC and the national boards. Are you thinking about it too? Isn't it time other midwifery training schools took the initiative and began training people who want to be midwives without training them to be nurses first? Or perhaps I'm wrong. What about being chiropodists first? It would be a useful sideline wouldn't it?
February 12,1986.
miércoles, 28 de julio de 2010
¡Bienvenida, hermosa criatura!
(Unas palabras que susurraría al Ser que crece en tu vientre)
Cuando naces, hermosa criatura, llevas en ti un gran poder para ser feliz en esta Tierra. Vienes repleta de potencialidades y virtudes.
Eres única. Como todas las demás lo son.
La existencia te necesita para experimentarse en una creación continua. Pues toda tu vida es un acto creativo.
La creatividad es tu herencia divina. Es una actitud, un enfoque interior que llevas guardado en ti. Aprovéchala.
El camino ante tus pies es desconocido, pero te llevará donde desees.
Camina dominada por tus sueños. Puedes ser todo lo que desees ser, hacer o tener.
Cierra a menudo tus ojos y mira desde tu corazón. Él es tu guía. Requerirás valor. Pues es aparentemente más sencillo seguir caminos ya trazados y acallar ese impulso interior que te llevaría a caminos salvajes.
Camina tu propio camino.
Siempre vienes con tus alas, tu conexión, tus antenas muy fuertes. Pero a veces ocurre que los que te rodean han perdido gran parte de su contacto con la Divinidad.
Olvidaron de dónde vienen, quiénes son, y caminan sin saber por qué. Ellos pueden ir recortando poco a poco tus alitas hasta que encajas en el sistema.
Como quizás pasó con tus papás y familiares antes.
Te dije que necesitarás valor. Pero lo tienes.
No se trata de luchar. Tampoco se trata de evitar obstáculos. Pasa por ellos, afronta los retos y crece.
Crece en Amor a ti y a todo lo que te rodea, pues sois Uno.
Desde que llegues a este planeta hermoso, observa atenta lo que te rodea y no dejes de sentir todo el Amor que fluye permanentemente
hacia ti.
Escucha receptiva y construye tus pensamientos, tus decisiones, tus actitudes... Recuerda siempre que es a través de ellos que creas tu realidad.
Puede que muy pronto alguien quiera guiarte en tus deseos o quiera alejarte de ellos. Es posible que incluso sean seres que amas quienes intentan presionarte. Pero por siempre conservarás en tu interior un instinto de protesta o un sentido de desequilibrio cada vez que otro trate de impedir que crees tu Vida.
Eres libre y siempre lo serás para tomar tus propias decisiones.
Tampoco permitas que otros traten de crear tu realidad. Porque aunque es imposible que lo consigan, puede ser que interfieran en lo que tú realmente deseas, o en tu confianza en lograrlo. En cuyo caso seguirás creando, por defecto, tu propia realidad aunque no seas consciente de ello.
Es posible que llegue el día en que dejes de ser consciente del poder que tienes para crear tu Vida, pero no por ello dejarás de crearla.
Es posible que trates de evitar conflictos y cedas aparentemente tu poder. Pero es imposible que otros creen tu realidad. La responsabilidad
seguirá siendo tuya aunque envuelta de pensamientos limitantes, que atraerán una realidad limitada.
Pero tranquila, pues cada momento de tu vida será un momento perfecto para dejar atrás cualquier pensamiento que limite tu alegría, que te impida Amarte o Amar plenamente y que te impida lograr tus sueños.
Y más allá de lograr todo lo que desees ser, hacer o tener, recuerda
simplemente que puedes (serlo, hacerlo o tenerlo). Recuerda
tu poder divino y que viniste para vivir la alegría y ser infinitamente
feliz.
¡Bienvenida hermosa criatura! ¡Que crees un dichoso viaje!
Fragmento del libro "Pintará los soles de su camino" de Cristina Moreno.
Cuando naces, hermosa criatura, llevas en ti un gran poder para ser feliz en esta Tierra. Vienes repleta de potencialidades y virtudes.
Eres única. Como todas las demás lo son.
La existencia te necesita para experimentarse en una creación continua. Pues toda tu vida es un acto creativo.
La creatividad es tu herencia divina. Es una actitud, un enfoque interior que llevas guardado en ti. Aprovéchala.
El camino ante tus pies es desconocido, pero te llevará donde desees.
Camina dominada por tus sueños. Puedes ser todo lo que desees ser, hacer o tener.
Cierra a menudo tus ojos y mira desde tu corazón. Él es tu guía. Requerirás valor. Pues es aparentemente más sencillo seguir caminos ya trazados y acallar ese impulso interior que te llevaría a caminos salvajes.
Camina tu propio camino.
Siempre vienes con tus alas, tu conexión, tus antenas muy fuertes. Pero a veces ocurre que los que te rodean han perdido gran parte de su contacto con la Divinidad.
Olvidaron de dónde vienen, quiénes son, y caminan sin saber por qué. Ellos pueden ir recortando poco a poco tus alitas hasta que encajas en el sistema.
Como quizás pasó con tus papás y familiares antes.
Te dije que necesitarás valor. Pero lo tienes.
No se trata de luchar. Tampoco se trata de evitar obstáculos. Pasa por ellos, afronta los retos y crece.
Crece en Amor a ti y a todo lo que te rodea, pues sois Uno.
Desde que llegues a este planeta hermoso, observa atenta lo que te rodea y no dejes de sentir todo el Amor que fluye permanentemente
hacia ti.
Escucha receptiva y construye tus pensamientos, tus decisiones, tus actitudes... Recuerda siempre que es a través de ellos que creas tu realidad.
Puede que muy pronto alguien quiera guiarte en tus deseos o quiera alejarte de ellos. Es posible que incluso sean seres que amas quienes intentan presionarte. Pero por siempre conservarás en tu interior un instinto de protesta o un sentido de desequilibrio cada vez que otro trate de impedir que crees tu Vida.
Eres libre y siempre lo serás para tomar tus propias decisiones.
Tampoco permitas que otros traten de crear tu realidad. Porque aunque es imposible que lo consigan, puede ser que interfieran en lo que tú realmente deseas, o en tu confianza en lograrlo. En cuyo caso seguirás creando, por defecto, tu propia realidad aunque no seas consciente de ello.
Es posible que llegue el día en que dejes de ser consciente del poder que tienes para crear tu Vida, pero no por ello dejarás de crearla.
Es posible que trates de evitar conflictos y cedas aparentemente tu poder. Pero es imposible que otros creen tu realidad. La responsabilidad
seguirá siendo tuya aunque envuelta de pensamientos limitantes, que atraerán una realidad limitada.
Pero tranquila, pues cada momento de tu vida será un momento perfecto para dejar atrás cualquier pensamiento que limite tu alegría, que te impida Amarte o Amar plenamente y que te impida lograr tus sueños.
Y más allá de lograr todo lo que desees ser, hacer o tener, recuerda
simplemente que puedes (serlo, hacerlo o tenerlo). Recuerda
tu poder divino y que viniste para vivir la alegría y ser infinitamente
feliz.
¡Bienvenida hermosa criatura! ¡Que crees un dichoso viaje!
Fragmento del libro "Pintará los soles de su camino" de Cristina Moreno.
EL POSPARTO INVISIBLE: EL TRABAJO DE LAS DOULAS DESPUÉS DEL NACIMIENTO....
Por Nuria Otero Tomera
Del posparto no se habla. No hablan los médicos, ni las madres, ni siquiera los investigadores ni escritores… Por lo tanto, las mujeres tampoco hablan de ello. No saben que existe hasta que se encuentran sumergidas de lleno en él, y entonces es, casi siempre, demasiado tarde para reconocerlo, para ponerle nombre, para parapetarse o para plantarle cara.
En la preparación al parto, durante el embarazo o antes de él, nos hablan de lo que acontece durante el nacimiento propiamente dicho, pero poco se comenta de lo que pasa después, cuando la mujer vuelve a casa y se enfrenta con su vida que ya no es su vida. Quizás algo sobre lactancia, tal vez algo sobre el vínculo, pero nada sobre los cambios en las propias mujeres, en sus expectativas, en sus certezas, en sus deseos.
Yo creo que la cuestión está en que en este período entran en juego aspectos absolutamente personales, recónditos, a veces ni siquiera confesados a una misma: miedo, incertidumbre, perplejidad… cuestiones con las que no habíamos pensado enfrentarnos y ni ganas que tenemos.
El resultado es que el posparto es un período oculto, oscuro, casi inexistente a nivel consciente, a nivel de conversaciones. Sin embargo, es un tsunami que nos arrastra (tanto si es placentero como si no lo es). Las mujeres viven, vivimos el posparto como un momento intenso del que nadie había hablado, del que nadie había prevenido, con el que no habían, habíamos contado.
Así, las doulas que trabajamos el posparto de manera extensa nos encontramos con la dificultad de trabajar sobre algo no escrito, no dicho, no pensado, no imaginado. Pero es que además, hay que añadir la dificultad para hablar, escribir o pensar sobre ello, ya que cada mujer vivirá el posparto de una manera absolutamente personal. No hay un manual del buen (o el mal) posparto, no existen unas necesidades básicas de la mujer en posparto (quizás a grandes rasgos podamos hablar de la necesidad de compañía, de compartir con otras puérperas o madres y el respeto a los propios instintos, pero incluso habrá mujeres que no necesiten cubrir alguno de estas premisas), simplemente existen las necesidades personales de cada mujer durante el posparto. Ni siquiera un buen parto puede augurar un buen posparto, ni un mal parto un mal posparto. Y es que el posparto no depende del parto, el posparto depende de nuestra vida. De lo que somos y dejamos de ser, de lo que creemos y no creemos, de lo que conocemos de nosotras, de los que nos rodean, y a la vez, de todo lo que desconocemos.
Es un trabajo difícil e invisible, que no se sujeta a criterios, que no se puede explicar… Es la diferencia fundamental entre las doulas de parto y las de posparto: mientras que las primeras tienen un objetivo último que es ayudar a conseguir un parto lo más respetado posible (sea vaginal, cesárea, en casa o en el hospital), las doulas de posparto tenemos que estar abiertas a cualquier aspecto que la mujer nos plantee, en ocasiones aspectos que nosotras mismas no hemos vivido o que no hemos siquiera imaginado.
Entonces, ¿qué hacemos las doulas durante el posparto? No somos ginecólogas, ni médicos de cabecera, ni psicólogas ni pediatras (parece una obviedad pero es necesario recalcarlo, entre nosotras y con las madres cuando trabajamos con ellas). ¿Qué hacemos, pues? De todo y de nada… Principalmente escuchar, servir de canal a todas las sensaciones y emociones que van surgiendo, darles validez, reconocerlas y aceptarlas, sean cuales sean. No juzgamos, aceptamos, comprendemos, acompañamos y, si nos preguntan, contestamos con sinceridad.
Del posparto no se habla. No hablan los médicos, ni las madres, ni siquiera los investigadores ni escritores… Por lo tanto, las mujeres tampoco hablan de ello. No saben que existe hasta que se encuentran sumergidas de lleno en él, y entonces es, casi siempre, demasiado tarde para reconocerlo, para ponerle nombre, para parapetarse o para plantarle cara.
En la preparación al parto, durante el embarazo o antes de él, nos hablan de lo que acontece durante el nacimiento propiamente dicho, pero poco se comenta de lo que pasa después, cuando la mujer vuelve a casa y se enfrenta con su vida que ya no es su vida. Quizás algo sobre lactancia, tal vez algo sobre el vínculo, pero nada sobre los cambios en las propias mujeres, en sus expectativas, en sus certezas, en sus deseos.
Yo creo que la cuestión está en que en este período entran en juego aspectos absolutamente personales, recónditos, a veces ni siquiera confesados a una misma: miedo, incertidumbre, perplejidad… cuestiones con las que no habíamos pensado enfrentarnos y ni ganas que tenemos.
El resultado es que el posparto es un período oculto, oscuro, casi inexistente a nivel consciente, a nivel de conversaciones. Sin embargo, es un tsunami que nos arrastra (tanto si es placentero como si no lo es). Las mujeres viven, vivimos el posparto como un momento intenso del que nadie había hablado, del que nadie había prevenido, con el que no habían, habíamos contado.
Así, las doulas que trabajamos el posparto de manera extensa nos encontramos con la dificultad de trabajar sobre algo no escrito, no dicho, no pensado, no imaginado. Pero es que además, hay que añadir la dificultad para hablar, escribir o pensar sobre ello, ya que cada mujer vivirá el posparto de una manera absolutamente personal. No hay un manual del buen (o el mal) posparto, no existen unas necesidades básicas de la mujer en posparto (quizás a grandes rasgos podamos hablar de la necesidad de compañía, de compartir con otras puérperas o madres y el respeto a los propios instintos, pero incluso habrá mujeres que no necesiten cubrir alguno de estas premisas), simplemente existen las necesidades personales de cada mujer durante el posparto. Ni siquiera un buen parto puede augurar un buen posparto, ni un mal parto un mal posparto. Y es que el posparto no depende del parto, el posparto depende de nuestra vida. De lo que somos y dejamos de ser, de lo que creemos y no creemos, de lo que conocemos de nosotras, de los que nos rodean, y a la vez, de todo lo que desconocemos.
Es un trabajo difícil e invisible, que no se sujeta a criterios, que no se puede explicar… Es la diferencia fundamental entre las doulas de parto y las de posparto: mientras que las primeras tienen un objetivo último que es ayudar a conseguir un parto lo más respetado posible (sea vaginal, cesárea, en casa o en el hospital), las doulas de posparto tenemos que estar abiertas a cualquier aspecto que la mujer nos plantee, en ocasiones aspectos que nosotras mismas no hemos vivido o que no hemos siquiera imaginado.
Entonces, ¿qué hacemos las doulas durante el posparto? No somos ginecólogas, ni médicos de cabecera, ni psicólogas ni pediatras (parece una obviedad pero es necesario recalcarlo, entre nosotras y con las madres cuando trabajamos con ellas). ¿Qué hacemos, pues? De todo y de nada… Principalmente escuchar, servir de canal a todas las sensaciones y emociones que van surgiendo, darles validez, reconocerlas y aceptarlas, sean cuales sean. No juzgamos, aceptamos, comprendemos, acompañamos y, si nos preguntan, contestamos con sinceridad.
martes, 27 de julio de 2010
El Laberinto como símbolo de nacimiento....
El Laberinto como símbolo del nacimiento
Texto: Sophia Style
El laberinto es un símbolo muy antiguo que aparece desde hace milenios en tierras tan diversas como Creta, Indonesia, Escandinavia, las Américas y Rusia. Se inscribe en la roca, en joyas o monedas, se pinta sobre cerámica, templos o manuscritos, y se realiza a gran escala mediante piedras en el suelo.
Aunque un símbolo de por si nunca se deja explicar o interpretar por completo a través de las palabras, el laberinto se puede entender como un espejo o una metáfora del camino de la vida de los seres humanos – el viaje del alma, con todos sus retos, transformaciones, profundidades y descubrimientos.
El laberinto es especialmente útil para entender el viaje universal de cada rito de iniciación, toda experiencia en la cual dejamos una etapa de vida para iniciar otra, en la cual morimos simbólicamente para renacer con una nueva identidad, como el nacimiento, la pubertad, el paso de la adolescencia a la adultez, la maternidad, la menopausia, o la muerte, por nombrar algunas.
Si exploramos a través de distintas culturas las ceremonias que se crean para señalar esa transición de una etapa de vida a otra, típicamente encontramos tres fases secuenciales, fases que a la vez podemos ver reflejadas en el recorrido desde el umbral del laberinto hacia el centro y hacia fuera otra vez. (Aquí hablamos del laberinto en el que solo hay un camino posible para llegar al centro y salir otra vez – no tiene bifurcaciones ni caminos sin salida.)
Primero hay la fase de preparación, antes de cruzar el umbral para entrar en el laberinto. Se trata del momento en que se inicia el viaje, en el que rompemos con nuestra vida anterior y sabemos que nunca jamás seremos la misma persona. ¿Que es lo que estamos dejando? ¿A que vamos a dar a luz? Se necesita reflexión y preparación para el cambio importante que viene en nuestra vida.
Después hay la fase de prueba, desde la entrada del laberinto hacia el centro. Esto supone un viaje a lo desconocido, una transición entre lo familiar y lo nuevo, en la cual embarcamos en una aventura para ir hacia nuestro centro más profundo, más allá de los limites de nuestra identidad anterior, una transformación profunda para renacer con una nueva identidad.
Por ultimo hay la fase de integración, el regreso desde el centro del laberinto hacia fuera. Es un camino necesario para recapitular todo lo ocurrido, para volver con una consciencia más amplia de quienes somos y para integrar este conocimiento en la próxima etapa de vida.
Cuando la comadrona y artista Pam England, creadora del programa de preparación al parto Birthing from Within, descubrió el símbolo del laberinto, le pareció una metáfora perfecta para el viaje psíquico y físico de una mujer durante el embarazo, parto y puerperio, y en seguida empezó a utilizarlo en sus clases para iniciar a mujeres embarazadas y sus parejas al rito de paso del nacimiento.
En estas clases, parejas embarazadas aprenden a dibujar su propio laberinto para personalizar ese rito de iniciación. Justo delante de la entrada al laberinto, dibujan un símbolo propio de un umbral, una representación física del paso entre el mundo de la Doncella y el de la Madre, entre lo conocido y lo desconocido, lo mundano y lo sagrado, antes de adentrarse en el misterio del nacimiento.
Tambien dibujan dos huellas delante de su umbral para representar el momento actual en el cual están, en la fase de preparación, antes de que se pongan de parto y entren al laberinto. Delante de este umbral, es el momento de contemplar tus creencias, y las de nuestra cultura, sobre el embarazo, el nacimiento, los bebés, la crianza, el dolor, el amor, el instinto materno, el miedo a perder el control … Pregúntate: ¿estás soñando con un tipo de parto en concreto, un parto ideal? ¿O estas abierta a vivir y descubrir cada momento de este nacimiento con amor incondicional, sea como sea?
Preparada o no, cuando empiezan las primeras contracciones, o se rompen las aguas, serás proyectada a través de ese umbral invisible pero palpable y habrás entrado en el laberinto. Tal como el camino del laberinto, cuando caminamos por los primeros circuitos exteriores, largos y mas bien sencillos, durante la primera fase del parto puede haber etapas que evolucionan fácilmente, sin grandes cambios, por ejemplo durante las primeras horas o incluso días de contracciones espaciadas. De repente nos encontramos con una curva cerrada, un cambio de dirección imprevisto que es análogo a estos momentos inesperados y a veces desconcertantes que forman parte de cada parto y posparto. Te das cuenta que ahora no hay marcha atrás ni atajos para llegar al centro, al momento del nacimiento de tu bebé y el tuyo como madre.
Puede ser, tal como en un laberinto, que haya instantes en que te sientes perdida, no sabes cuanto has recorrido o cuanto falta para dar a luz, has perdido completamente la noción del tiempo. Dice Pam England: “Recuerda, en un laberinto, y cuando estas de parto, no hay nada que comprender, no tienes que ‘hacerlo bien’ para ganar amor o aprobación o para ser una ‘buena madre’… Haz lo mejor que puedas, tal como sabes en ese momento. Quiérete especialmente cuando estas perdida. Cuando no sabes que hacer, ves paso a paso. Que sepas que llegarás al centro y volverás”.
La ultima trayectoria del laberinto tiene curvas cada vez más encerradas y sinuosas, y refleja la etapa más intensa del parto, en la cual es totalmente normal pasar por dudas o miedos importantes: dudas sobre si acabará, sobre si puedes, sobre si podrá salir tu bebé… Estás en la fase de prueba, tu iniciación, en la cual te ves desnuda con todas tus limitaciones y vulnerabilidad y estrategias mentales, y a la vez con tu poder y determinación y valentía. El gran tesoro del viaje reside en tu forma única de entregarte a la intensidad y fuerza del proceso. “Cada mujer vive el misterio de su transformación física, psicológica y espiritual a su manera, tanto si da a luz en casa, en el quirófano, en el coche o en una cabaña en la selva” (Pam England).
En los grandes mitos, el centro es el lugar sagrado en donde cielo y tierra se cruzan, el lugar de la iluminación, cuando paras y dejas de luchar, un estado de gracia. Al final del viaje llegamos al centro, el momento cuando bebé, madre y padre nacen. Es como si se para el tiempo, estáis en un lugar suspendido entre dos mundos. Los iniciados necesitan su tiempo para llegar, para adentrarse en su nueva vida.
El viaje del héroe, o de la heroína madre, no se ha acabado todavía. En un contexto social en el cual hay una enorme presión para volver a nuestra vida anterior – sin barriga, a retomar relaciones sexuales, a volver al trabajo – el laberinto en cambio nos recuerda que ya no somos la misma persona que antes, que no se puede precipitar la enorme transición del puerperio. Requiere su tiempo, poco a poco, para integrar la historia de tu parto y como lo viviste tú, para resituarte dentro de tu cuerpo cambiado, dolido al principio, para conocer a tu bebé y confiar en ti como madre, para adaptaros a la lactancia, a vuestra nueva realidad como pareja, o con amigos de antes, para acceptar la falta de sueño, para darte cuenta de que tus necesidades durante un tiempo pasan a un segundo plano, para integrar la muerte de la Doncella, y sentir las profundidades del amor quizás mas grande e incondicional de tu vida… ¿Cuanto tiempo puede durar el regreso?, preguntamos a parejas embarazadas. No estamos hablando aquí de meses, sino de la realidad de que hacen falta entre dos y tres años, después de un primer parto, para sentir que la mujer que eras antes y la madre que te has hecho se unen y se integran dentro del núcleo de tu ser, en la mujer-madre que ahora eres. ¡Bienvenida!
Referencia: “When the Labyrinth becomes a Laborinth. Metaphor, map, meditations and rituals for labour and postpartum.” Pam England
www.birthingfromwithin.com
___________________________________________________________
Sophia Style es doula, antropóloga y escritora, especializada en los ritos y ciclos femeninos. Imparte talleres de preparación holistica al parto, y para mujeres que quieren conectar con la sabiduría de su ciclo menstrual.
www.nacimientoconsciente.wordpress.com
Texto: Sophia Style
El laberinto es un símbolo muy antiguo que aparece desde hace milenios en tierras tan diversas como Creta, Indonesia, Escandinavia, las Américas y Rusia. Se inscribe en la roca, en joyas o monedas, se pinta sobre cerámica, templos o manuscritos, y se realiza a gran escala mediante piedras en el suelo.
Aunque un símbolo de por si nunca se deja explicar o interpretar por completo a través de las palabras, el laberinto se puede entender como un espejo o una metáfora del camino de la vida de los seres humanos – el viaje del alma, con todos sus retos, transformaciones, profundidades y descubrimientos.
El laberinto es especialmente útil para entender el viaje universal de cada rito de iniciación, toda experiencia en la cual dejamos una etapa de vida para iniciar otra, en la cual morimos simbólicamente para renacer con una nueva identidad, como el nacimiento, la pubertad, el paso de la adolescencia a la adultez, la maternidad, la menopausia, o la muerte, por nombrar algunas.
Si exploramos a través de distintas culturas las ceremonias que se crean para señalar esa transición de una etapa de vida a otra, típicamente encontramos tres fases secuenciales, fases que a la vez podemos ver reflejadas en el recorrido desde el umbral del laberinto hacia el centro y hacia fuera otra vez. (Aquí hablamos del laberinto en el que solo hay un camino posible para llegar al centro y salir otra vez – no tiene bifurcaciones ni caminos sin salida.)
Primero hay la fase de preparación, antes de cruzar el umbral para entrar en el laberinto. Se trata del momento en que se inicia el viaje, en el que rompemos con nuestra vida anterior y sabemos que nunca jamás seremos la misma persona. ¿Que es lo que estamos dejando? ¿A que vamos a dar a luz? Se necesita reflexión y preparación para el cambio importante que viene en nuestra vida.
Después hay la fase de prueba, desde la entrada del laberinto hacia el centro. Esto supone un viaje a lo desconocido, una transición entre lo familiar y lo nuevo, en la cual embarcamos en una aventura para ir hacia nuestro centro más profundo, más allá de los limites de nuestra identidad anterior, una transformación profunda para renacer con una nueva identidad.
Por ultimo hay la fase de integración, el regreso desde el centro del laberinto hacia fuera. Es un camino necesario para recapitular todo lo ocurrido, para volver con una consciencia más amplia de quienes somos y para integrar este conocimiento en la próxima etapa de vida.
Cuando la comadrona y artista Pam England, creadora del programa de preparación al parto Birthing from Within, descubrió el símbolo del laberinto, le pareció una metáfora perfecta para el viaje psíquico y físico de una mujer durante el embarazo, parto y puerperio, y en seguida empezó a utilizarlo en sus clases para iniciar a mujeres embarazadas y sus parejas al rito de paso del nacimiento.
En estas clases, parejas embarazadas aprenden a dibujar su propio laberinto para personalizar ese rito de iniciación. Justo delante de la entrada al laberinto, dibujan un símbolo propio de un umbral, una representación física del paso entre el mundo de la Doncella y el de la Madre, entre lo conocido y lo desconocido, lo mundano y lo sagrado, antes de adentrarse en el misterio del nacimiento.
Tambien dibujan dos huellas delante de su umbral para representar el momento actual en el cual están, en la fase de preparación, antes de que se pongan de parto y entren al laberinto. Delante de este umbral, es el momento de contemplar tus creencias, y las de nuestra cultura, sobre el embarazo, el nacimiento, los bebés, la crianza, el dolor, el amor, el instinto materno, el miedo a perder el control … Pregúntate: ¿estás soñando con un tipo de parto en concreto, un parto ideal? ¿O estas abierta a vivir y descubrir cada momento de este nacimiento con amor incondicional, sea como sea?
Preparada o no, cuando empiezan las primeras contracciones, o se rompen las aguas, serás proyectada a través de ese umbral invisible pero palpable y habrás entrado en el laberinto. Tal como el camino del laberinto, cuando caminamos por los primeros circuitos exteriores, largos y mas bien sencillos, durante la primera fase del parto puede haber etapas que evolucionan fácilmente, sin grandes cambios, por ejemplo durante las primeras horas o incluso días de contracciones espaciadas. De repente nos encontramos con una curva cerrada, un cambio de dirección imprevisto que es análogo a estos momentos inesperados y a veces desconcertantes que forman parte de cada parto y posparto. Te das cuenta que ahora no hay marcha atrás ni atajos para llegar al centro, al momento del nacimiento de tu bebé y el tuyo como madre.
Puede ser, tal como en un laberinto, que haya instantes en que te sientes perdida, no sabes cuanto has recorrido o cuanto falta para dar a luz, has perdido completamente la noción del tiempo. Dice Pam England: “Recuerda, en un laberinto, y cuando estas de parto, no hay nada que comprender, no tienes que ‘hacerlo bien’ para ganar amor o aprobación o para ser una ‘buena madre’… Haz lo mejor que puedas, tal como sabes en ese momento. Quiérete especialmente cuando estas perdida. Cuando no sabes que hacer, ves paso a paso. Que sepas que llegarás al centro y volverás”.
La ultima trayectoria del laberinto tiene curvas cada vez más encerradas y sinuosas, y refleja la etapa más intensa del parto, en la cual es totalmente normal pasar por dudas o miedos importantes: dudas sobre si acabará, sobre si puedes, sobre si podrá salir tu bebé… Estás en la fase de prueba, tu iniciación, en la cual te ves desnuda con todas tus limitaciones y vulnerabilidad y estrategias mentales, y a la vez con tu poder y determinación y valentía. El gran tesoro del viaje reside en tu forma única de entregarte a la intensidad y fuerza del proceso. “Cada mujer vive el misterio de su transformación física, psicológica y espiritual a su manera, tanto si da a luz en casa, en el quirófano, en el coche o en una cabaña en la selva” (Pam England).
En los grandes mitos, el centro es el lugar sagrado en donde cielo y tierra se cruzan, el lugar de la iluminación, cuando paras y dejas de luchar, un estado de gracia. Al final del viaje llegamos al centro, el momento cuando bebé, madre y padre nacen. Es como si se para el tiempo, estáis en un lugar suspendido entre dos mundos. Los iniciados necesitan su tiempo para llegar, para adentrarse en su nueva vida.
El viaje del héroe, o de la heroína madre, no se ha acabado todavía. En un contexto social en el cual hay una enorme presión para volver a nuestra vida anterior – sin barriga, a retomar relaciones sexuales, a volver al trabajo – el laberinto en cambio nos recuerda que ya no somos la misma persona que antes, que no se puede precipitar la enorme transición del puerperio. Requiere su tiempo, poco a poco, para integrar la historia de tu parto y como lo viviste tú, para resituarte dentro de tu cuerpo cambiado, dolido al principio, para conocer a tu bebé y confiar en ti como madre, para adaptaros a la lactancia, a vuestra nueva realidad como pareja, o con amigos de antes, para acceptar la falta de sueño, para darte cuenta de que tus necesidades durante un tiempo pasan a un segundo plano, para integrar la muerte de la Doncella, y sentir las profundidades del amor quizás mas grande e incondicional de tu vida… ¿Cuanto tiempo puede durar el regreso?, preguntamos a parejas embarazadas. No estamos hablando aquí de meses, sino de la realidad de que hacen falta entre dos y tres años, después de un primer parto, para sentir que la mujer que eras antes y la madre que te has hecho se unen y se integran dentro del núcleo de tu ser, en la mujer-madre que ahora eres. ¡Bienvenida!
Referencia: “When the Labyrinth becomes a Laborinth. Metaphor, map, meditations and rituals for labour and postpartum.” Pam England
www.birthingfromwithin.com
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Sophia Style es doula, antropóloga y escritora, especializada en los ritos y ciclos femeninos. Imparte talleres de preparación holistica al parto, y para mujeres que quieren conectar con la sabiduría de su ciclo menstrual.
www.nacimientoconsciente.wordpress.com
viernes, 23 de julio de 2010
Amamantar y Fluir.......
La lactancia salvaje
La mayoría de las madres que consultamos por dificultades en la lactancia estamos preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y apoyo efectivo por parte de los individuos o las comunidades que favorezcan el encuentro con su esencia personal.
La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.
Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.
Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.
Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.
Esto es todo lo que necesitamos para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser sí misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.
Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.
Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Lamentablemente solemos razonar y leer libros de puericultura, y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.
La insistencia social y en algunos casos las sugerencias médicas y psicológicas que insisten en que las madres nos separemos de los bebés, desactiva la animalidad de la lactancia. Posiblemente la situación que más depreda y devasta la confianza que las madres tenemos en nuestros propios recursos internos, es esta creencia de que los bebés se van a malacostrumbrar si pasan demasiado tiempo en nuestros brazos. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en los moisés o en los cochecitos o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir: si lo bloqueamos, desvía su caudal.
Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.
Dar de mamar es posible si dejamos de atender las reglas, los horarios, las indicaciones lógicas y si estamos dispuestas a sumergirnos en este tiempo sin tiempo ni formas ni bordes. También si nos despojamos de tantas sillitas, cochecitos y mueblería infantil, ya que un pañuelo atado a nuestro cuerpo es suficiente para ayudar a los brazos y las espaldas cansadas. Incluso si trabajamos, incluso si hay horas durante el día en que no tenemos la opción de permanecer con nuestros bebés, tenemos la posibilidad de cargarlos en brazos todo el tiempo que estemos en contacto con ellos.
Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.
Laura Gutman
La mayoría de las madres que consultamos por dificultades en la lactancia estamos preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y apoyo efectivo por parte de los individuos o las comunidades que favorezcan el encuentro con su esencia personal.
La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.
Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.
Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.
Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.
Esto es todo lo que necesitamos para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser sí misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.
Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.
Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Lamentablemente solemos razonar y leer libros de puericultura, y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.
La insistencia social y en algunos casos las sugerencias médicas y psicológicas que insisten en que las madres nos separemos de los bebés, desactiva la animalidad de la lactancia. Posiblemente la situación que más depreda y devasta la confianza que las madres tenemos en nuestros propios recursos internos, es esta creencia de que los bebés se van a malacostrumbrar si pasan demasiado tiempo en nuestros brazos. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en los moisés o en los cochecitos o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir: si lo bloqueamos, desvía su caudal.
Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.
Dar de mamar es posible si dejamos de atender las reglas, los horarios, las indicaciones lógicas y si estamos dispuestas a sumergirnos en este tiempo sin tiempo ni formas ni bordes. También si nos despojamos de tantas sillitas, cochecitos y mueblería infantil, ya que un pañuelo atado a nuestro cuerpo es suficiente para ayudar a los brazos y las espaldas cansadas. Incluso si trabajamos, incluso si hay horas durante el día en que no tenemos la opción de permanecer con nuestros bebés, tenemos la posibilidad de cargarlos en brazos todo el tiempo que estemos en contacto con ellos.
Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.
Laura Gutman
CANTAR ESPERANDO
Si indagamos en la historia y en las culturas del mundo, podremos encontrar que era una práctica habitual cantar durante el embarazo o el parto, sobre todo era una costumbre de los países africanos y asiáticos. Con la voz expresamos sensaciones y emociones, sentimientos de todo tipo, la utilizamos estando solos o acompañados y a través de ella se muestra el estado de ánimo.
No hay duda de que la música y el canto beneficia al ser humano, esta es una de las razones por las que existen diversas técnicas musicales que se emplean para el tratamiento de enfermedades, el desarrollo de los niños, como terapia o como ayuda a la futura mamá. Gracias a la música y el canto se puede alcanzar un estado de equilibrio entre cuerpo y mente reconfortante.
En la década de los años 50, en Francia apareció una nueva terapia musical orientada exclusivamente a mujeres embarazadas, la terapia se basaba en los efectos beneficiosos que ofrecía la música y el canto al organismo. Desde entonces, las terapias musicales han evolucionado y la tecnología y la investigación han permitido profundizar más en este campo.
La música facilita la relajación de la futura mamá, le beneficia física y psiquicamente, el canto ayuda a establecer un vínculo entre madre e hijo.
El sentido del oído se comienza a desarrollar en el feto a partir de la 16 semana de embarazo, alrededor del sexto mes el bebé asocia los sonidos que recibe del exterior y los puede reconocer.
Algunos estudios muestran que el canto favorece además el sistema nervioso del bebé que se está gestando, ayudándole a desarrollarse adecuadamente, a relajarse y a reforzar más el vínculo afectivo entre madre e hijo. Cantar durante el embarazo resulta reconfortable, alivia tensiones y miedos y refuerza la confianza ante la llegada del parto. La música o el canto se utilizan incluso durante el parto como un recurso que facilita su desarrollo.
La terapia musical sólo ofrece beneficios, ningún tipo de complicación, evidentemente no elimina el dolor que se pueda sentir durante el parto, pero ayuda en cierta medida a reducirlo y a controlarlo, la razón de ello es la liberación de endorfinas cuando se canta. Las endorfinas actúan como una especie de eliminadores naturales del dolor y además los expertos indican que potencia los efectos de algunos medicamentos.
Podemos incluso encontrar cursos en los que se enseña a las futuras mamás a modular la voz con la función de poder relajar los músculos situados en el perineo, de este tema hablaremos en breve con mayor profundidad. En este tipo de cursos se aprende a expresar, a través del canto y la música, las emociones que se sienten, a compartirlas con otras mamás, se aprende a aplicar la música durante el embarazo y en el momento del parto.
No hay duda de que la música y el canto beneficia al ser humano, esta es una de las razones por las que existen diversas técnicas musicales que se emplean para el tratamiento de enfermedades, el desarrollo de los niños, como terapia o como ayuda a la futura mamá. Gracias a la música y el canto se puede alcanzar un estado de equilibrio entre cuerpo y mente reconfortante.
En la década de los años 50, en Francia apareció una nueva terapia musical orientada exclusivamente a mujeres embarazadas, la terapia se basaba en los efectos beneficiosos que ofrecía la música y el canto al organismo. Desde entonces, las terapias musicales han evolucionado y la tecnología y la investigación han permitido profundizar más en este campo.
La música facilita la relajación de la futura mamá, le beneficia física y psiquicamente, el canto ayuda a establecer un vínculo entre madre e hijo.
El sentido del oído se comienza a desarrollar en el feto a partir de la 16 semana de embarazo, alrededor del sexto mes el bebé asocia los sonidos que recibe del exterior y los puede reconocer.
Algunos estudios muestran que el canto favorece además el sistema nervioso del bebé que se está gestando, ayudándole a desarrollarse adecuadamente, a relajarse y a reforzar más el vínculo afectivo entre madre e hijo. Cantar durante el embarazo resulta reconfortable, alivia tensiones y miedos y refuerza la confianza ante la llegada del parto. La música o el canto se utilizan incluso durante el parto como un recurso que facilita su desarrollo.
La terapia musical sólo ofrece beneficios, ningún tipo de complicación, evidentemente no elimina el dolor que se pueda sentir durante el parto, pero ayuda en cierta medida a reducirlo y a controlarlo, la razón de ello es la liberación de endorfinas cuando se canta. Las endorfinas actúan como una especie de eliminadores naturales del dolor y además los expertos indican que potencia los efectos de algunos medicamentos.
Podemos incluso encontrar cursos en los que se enseña a las futuras mamás a modular la voz con la función de poder relajar los músculos situados en el perineo, de este tema hablaremos en breve con mayor profundidad. En este tipo de cursos se aprende a expresar, a través del canto y la música, las emociones que se sienten, a compartirlas con otras mamás, se aprende a aplicar la música durante el embarazo y en el momento del parto.
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